Compasión y Misericordia – Instalación

Fr. Marino Martínez P. tc

Superior General RTC

Con inmensa alegría y compromiso he aceptado la invitación de mi querido hermano el P. Sandro, para saludar a los participantes en el seminario nacional Compasión y Misericordia: Itinerario hacia la Reconciliación. Que el Padre de la Misericordia, quien no se cansa de amar y perdonar, abra el corazón de todos, para que experimentándolo por la vía de la razón en este seminario, se abra el camino del sentirlo en la vida y convertirlo en propuesta misionera que pueda extenderse a cuantos nos encontremos.

Quiero emplear las mismas palabras que el amado Papa Francisco ha dirigido a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la Bula de inducción al Año de la Misericordia, no como un saludo, ni tampoco como una simple reflexión, y sí como un verdadero itinerario de salvación, como un camino hacia el perdón que implica la reconciliación, como una nueva propuesta para relacionarse con los hermanos y hermanas.

 Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene  a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une Dios y el hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado (M.V.3)

Quisiera retomar solo dos de los apartes de este texto paradigmático que el Papa Francisco nos ha regalado:

  1. La Misericordia como fuente de alegría, de serenidad y de paz

La patria colombiana es señalada por algunas encuestas internacionales como uno de los países más felices del globo. De qué felicidad se trata, me he hecho la pregunta en esas ocasiones. Y leyendo la encuesta encuentro que es una felicidad basada en el poseer, en el poder, en el disfrutar, en fin, en posibilidades para engordar el egoísmo sin cabida para los otros. No es propiamente una felicidad que nazca desde actitudes internas que conduzcan a tener una relación más dinámica y  cercana con los demás.

seminario-misericordia-19
La vida y obra del Padre Luis Amigó fue tratada a profundidad en el Seminario

La situación de polarización que vive el país en torno al sí y en no a la paz, es un buen distractor que nos aparta de las verdaderas urgencias del ser humano  necesitado del perdón, paso inicial para la reconciliación e inicio de una nueva relación que implicaría la paz plena y profunda, no apenas el simple silencio de las armas.

Los ruidos que acompañan nuestro interior, la ausencia de silencios productivos, la falta de capacidad para la fidelidad creativa, la incapacidad para romper  nuestros sentimientos negativos de odio, venganza, rencor, envidia, …pueden ser buenas señales de lo que habita en nuestro interior como necesidades del poder dominar,  del poseer no solo cosas sino hasta voluntades, y la infinita necesidad humana de aparecer y aparentar, por encima de la absoluta  necesidad de ser.

El Papa Francisco en su Bula el Rostro de la Misericordia, nos propone dos palabras más, que actúan junto a la alegría, cuando nos dice que la Misericordia es fuente de alegría, serenidad y paz.

Si la alegría tiene como fuente la serenidad de nuestra vida, con certeza que los distractores que el mundo presenta basados en las grandes tentaciones del ser humano: poder, poseer, placer, no nos moverán de la tierra firme que tiene como base la serenidad de quien ha experimentado en primer lugar, y antes de cualquier otra posibilidad, la Misericordia del Padre que ama, que perdona, que con ternura entrañable nos acoge y también sale a nuestro encuentro para convertirse en fuente de una serenidad que nada pueda perturbar. Y es allí, en la serenidad de un ser que no es movido por distractores externos, en donde la paz se afinca, hecha raíces y produce frutos generosos que no necesitan ser alimentados por  fuentes diferentes como el tener, el llenarnos de cosas que en muchas ocasiones ni utilizamos, pero sobre todo, de las fuentes que superan la necesidad egoísta de dominar a los demás como una fuente de poder que nos produce placer y nos llena de un alegre y pasajero vacío que fácilmente se derrumba.

  1. Nos dice el Papa Francisco que la misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida.

Para que este seminario pueda cumplir con su objetivo de no solo escudriñar racionalmente los términos Compasión, Misericordia y Reconciliación, cada uno de los participantes deberá convertirlos en acto, haciéndolos herramientas personales y vitales en una tierra tanto amada y bendecida por Dios; deberá penetrar en la compasión por su  ausencia, pues la creemos humillante; en la falta de misericordia, porque al actuarla pareciera que se nos despoja del poder; en el temor a la reconciliación prefiriendo mantenernos en nuestras posiciones antes que conceder razón a los poderosos argumentos del amor, la ternura y el perdón. Necesitaremos abrir la puerta al encuentro con el otro como diferente. Abrir la puerta al gran Otro que viene a nuestro encuentro para regalarnos su compasión. Sentir la misericordia de Dios que actúa en nuestro ser, y desde la serenidad que Él trae, construir una patria verdaderamente feliz y en paz, comenzando por nuestro propio interior y el de nuestras familias.

Feliz, sereno y pacífico trabajo.