Jesucristo, Camino, Verdad y Vida

Tema: “Luis Amigó peregrino”

(B. Sol 43 [1908] p.81-94)

«Ego sum via et veritas et vita» (lo 14,6).

«Yo soy el camino, la verdad y la vida» Al muy Ilustre Cabildo, venerable Clero, comunidades religiosas y pueblo fiel”

El divino Maestro, amados hijos, para perpetuar en el mundo sus enseñanzas de vida eterna y que jamás se eclipsara el resplandor de la divina luz con que venía a iluminarle, eligió y constituyó a sus apóstoles por guías y maestros que enseñasen a las gentes el camino de la salvación; ya prácticamente con el ejercicio de las virtudes evangélicas, como a sal que eran de la tierra; ya por medio de la predicación de la divina palabra, como a encargados de comunicar y difundir por el mundo la verdadera luz: Vos estis sal terrae, vos estis lux mundi (Mt 5,13 y 14).

Penetrados de esta divina misión los Apóstoles y repletos de aquel Espíritu de vida que los transformó de imperfectos en santos y modelos de toda virtud, de ignorantes en sabios y maestros de la verdadera ciencia y de tímidos y flacos en varones fuertes, capaces de desafiar las iras del mundo y del averno, predicaron y anunciaron por doquier a Jesucristo, y éste crucificado: Nos autem praedicamus Christum crucifixum (1 Cor 1,23), sin que les arredrase el temor de provocar contra sí el furor de los judíos y de los gentiles, por doctrina tan peregrina que escandalizaba a los unos y era tenida de los otros por locura: ludaeis quidem scandalum, gentibus autem stultitiam ( 1 Cor 1,23).

…Oíd cómo nos declara El mismo su divina misión, diciéndonos: «Yo soy el camino, la verdad y la vida: Ego sum vía, veritas et vita (lo 14,6), con cuyas palabras nos indica que no sólo ha venido a rescatarnos del poder de las tinieblas dando en precio su sangre de infinito valor, sino también a ser el caudillo que nos guíe por el camino del cielo, enseñándonos cómo hemos de vencer las dificultades y remover los obstáculos que la concupiscencia de nuestra carne rebelde nos opone en la práctica de la virtud; el Maestro soberano, que, como a verdad infalible nos la dé a conocer con claridad, apartando nuestra vista del falso brillo con que la concupiscencia de los ojos nos representa como buenos y verdaderos, los mezquinos y falsos bienes del mundo, y el manantial de vida eterna que nos enseña a buscarla sólo en El y en su gracia, que es la vida del alma, por medio de la práctica de las virtudes y el apartamiento de la más funesta de nuestras concupiscencias, que es la soberbia de la vida. Ego sum vía, veritas et vita. Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Jesucristo es el Camino

… Jesucristo es, pues, nuestro camino. Camino sobrenatural y divino como a Dios, porque sólo Él pudo con sus méritos, de valor infinito, conducirnos a la salvación, y camino natural y sensible como a hombre al que no sólo podemos, sino que debemos seguir e imitar.

Por esto la vida de Jesucristo debe ser en todo tiempo y circunstancias la norma de la nuestra. Y así, al verle humillado en el pesebre, en la casa de Nazaret, ante los tribunales y muriendo en una cruz cual si fuese un malhechor, debemos aprender a buscar en la virtud de la humildad fundamento de las demás, la verdadera que en vano buscan los hombres en el orgullo, el fausto y la ostentación. Al contemplar la extremada pobreza del que siendo Señor de los cielos y tierra dice: «que las zorras tienen sus cuevas y las aves del cielo nidos, más el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza» (Mt 8,20), debemos desprender nuestro corazón de los bienes terrenos, a los que El llama espinas que punzan el corazón. Al admirar la invicta paciencia con que sufre El en silencio las calumnias, ultrajes y tormentos, los más inauditos hemos de esforzarnos en sobrellevar del mismo modo las penalidades de esta vida, necesarias para la purificación de nuestra alma. Y al fijarnos en su infinito amor por nosotros que le obligó a dársenos por entero en el Santísimo Sacramento, comprendamos que sólo para El debemos vivir, muriendo a nosotros mismos y a todo lo del mundo …

Jesucristo es la Verdad

Jesucristo es, pues, este Verbo de Dios hecho carne, como dice San Juan: «habitó en medio de nosotros y vimos su gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad» (lo 1, 14).

Esta Verdad eterna, amados hijos, es el sólido e inquebrantable fundamento de nuestra sacrosanta religión, cuyos sagrados dogmas y doctrinas se apoyan en la verdad de la palabra del Hijo de Dios, que no puede engañarse ni engañarnos, el cual dice: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no fallarán (:Mt 24,35)…

Jesucristo, verdad eterna, es el que ha inspirado e iluminado en todo tiempo a los sabios y la fuente inagotable donde han bebido a boca llena aquellos raudales de sabiduría con que ilustraron y admiraron al mundo, como lo significó el seráfico doctor San Buenaventura cuando, preguntado por el doctor angélico Santo Tomás de dónde sacaba tan sublime doctrina, le mostró., por toda respuesta, la imagen de un crucifijo…

Jesucristo es la Vida

Jesucristo, amados hijos, es el autor del ser y de la existencia de todas las criaturas, por quien y en quien fueron hechas: Omnia per ipsumfacta sunt, et sine ipso factum est nihil (lo 1,3). Pues como a Verbo de Dios era desde el principio y a Él deben la vida, así espiritual como material: In ipso vita erat (lo 1,4). Y de tal modo depende de Él nuestra vida que no solamente no existiríamos sin Él, sino que nos la está dando en cada momento, siendo nuestra existencia como una creación continuada, y dejaríamos de existir volviendo a la nada de la que nos sacó en el mismo instante en que su Providencia divina dejase de cooperar a nuestra existencia.

Pero si es el Autor de nuestro ser y vida natural, no lo es menos de la sobrenatural de nuestra alma.

Pero Jesucristo es también nuestra vida por su doctrina. El enseña al hombre a tener un bajo concepto de sí mismo y a que, reputándose por inferior a todos, busque siempre el último lugar, cediendo el primero y más honorífico a sus hermanos, con lo que da la muerte al pecado capital de la soberbia y vivifica nuestro espíritu por la humildad, que es la mejor disposición para la gracia…

Nos da asimismo la vida Nuestro Señor Jesucristo en los Sacramentos que instituyó en su Iglesia, a manera de fuentes que manan con abundancia aquella gracia que nos adquirió con los méritos infinitos de su preciosísima sangre…

Con razón, pues, dice Jesucristo, nuestro bien, que Él es la vida, del mismo modo que es el camino y la verdad: Ego sum via, veritas et vita (lo 14,6). Tomado de OCLA, numerales 284-316.

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2017 (22 octubre)