La Familia Amigoniana experta en el arte de educar la voluntad

Consciente, pues, de que la falta de la necesaria autonomía para tomar opciones verdaderamente libres ante la vida constituye una de las dificultades más serias y comunes entre los menores en conflicto y que, por otra parte, esta misma carencia de verdadera capacidad decisoria disminuye –hasta casi anularlas en algunos casos más graves– las posibilidades de afrontar con ciertas garantías de éxito un proceso educativo.

La pedagogía amigoniana ha considerado, desde sus inicios, el desarrollo de la capacidad de autonomía en dichos menores, como uno de sus objetivos educativos más fundamentales y perentorios y se ha referido clásicamente a él como educación de la voluntad:

  • La educación del corazón –escribía el padre Valentín– ha de culminar en la formación del carácter que es el hábito de la firmeza de la voluntad cristalizada en el alma humana. Educar sin echar esas bases, sería edificar sobre arena.

El buen educador jamás debe olvidar que la voluntad es la suprema directora del hombre…, el poder ejecutivo del alma humana… Ella es la que lleva al hombre a la victoria y a la derrota.

  • De aquí, la gran importancia del sistema preventivo que exige se fortalezca en el niño la voluntad, enseñándole a “querer” con toda su alma, a conseguir “victorias diarias” sobre sus instintos…; a curtirse al sol del cumplimiento del deber, del sacrificio…; en una palabra, a grabar en sí, con el cincel del hábito, un carácter fuerte y varonil.
  • Hay que ir desarrollando en el niño el “espíritu” de lucha contra todo lo que es bajo y degradante, y por otra parte despertando en él ese sentimiento de “altivez y de audacia” que se llama “valor”, sentimiento que duerme latente en todo pecho juvenil.