Septenario a la Virgen de los Dolores

Virgen de los dolores
Virgen de los dolores

Para alcanzar gracias por intercesión del Venerable Luis Amigó

1° La profecía del anciano Simeón

El primer dolor de María nos trae como principal y fundamental lección de amor la de querer al otro como es.

En este dolor se resalta, en primer lugar, la obediencia y oblación de María al plan salvífico de Dios cuya mejor expresión se encuentra en su fiat.

2° La huida a Egipto

En este dolor el contexto bíblico-espiritual nos invita a descubrir en María la actitud valiente del emigrante y peregrino que, por amor a los suyos, es capaz de dejar casa, trabajo, comodidades y seguridades para protegerles de un presente amenazador o para procurarles un mañana mejor.

3° Pérdida del Niño Jesús

Se evidencia en este dolor el sentimiento de angustia que lleva a María a la búsqueda afanosa –cariñosa y preocupada- de quien anda por la vida perdido de orientación o necesitado de afecto y comprensión, se convierte así en la actitud más relevante de este dolor.

4° Encuentra a Jesús con la cruz

Se muestra en este dolor a María cuando va presurosa al encuentro de su Hijo, se puede deducir fácilmente la lección de amor que la Virgen nos ofrece de salir al encuentro de quien viene por el camino viviendo su viacrucis y cargado con la cruz del desafecto, de la incomprensión, del desamparo, de la enfermedad, de la persecución.

5° María al pie de la cruz

La actitud fundamental que nos testimonia María en su quinto dolor de permanecer de píe junto a la cruz es, quizá, la manifestación más extraordinaria de la capacidad de encarnación que necesita todos aquellos que se sienten llamados a colaborar con Cristo en la gratificante tarea de crear humanidad nueva y una nueva civilización cimentada en el amor.

6° Recibe en brazos a su Hijo difunto

Se muestra en este dolor la maternal ternura de la Madre acogiendo al Hijo muerto, recibiéndolo en su regazo, se nos presenta A maría como la madre  de una gran familia, cuya capacidad de acogida no se agota nunca, porque sabe que siempre falta algún hijo por llegar.

7° Sepultura de Jesús y soledad de María

No debe entenderse en este dolor la soledad de María como una soledad triste, sino gozosamente contemplativa, y de absoluta confianza en que, incluso contra toda humana esperanza, las cosas –y sobre todo las personas- pueden cambiar, pueden mejorar, pueden volver a la vida.

Después de cada dolor se reza un Avemaría

Señor, que dijiste: “No vine a salvar a los justos sino a los pecadores”. Dignaos allanar los caminos que conducen a la glorificación del Venerable Luis Amigó, que con tanto celo trabajó por la salvación de la juventud desviada, a fin de que le veamos elevado al honor de los altares, si es vuestra santísima voluntad y para mayor gloria vuestra. Lo que os pido por intercesión de Nuestra Madre Dolorosa. Amén.