Causa de Beatificación

Saludo de Navidad

NAVIDAD: APRENDER DE LOS PEQUEÑOS – SER DISCÍPULO DE JESÚS.

Queridos hermanos religiosos y laicos, querida Familia Amigoniana: Paz y Bien.

La Navidad regresa y trae regocijo al alma; recrea en nosotros la espiritualidad de la infancia, cuando sentir era creer, cuando cantar villancicos en torno al pesebre de Belén nos permitía en algo alcanzar las puertas del paraíso, cuando el encuentro familiar nos permitía vivir la unidad con Quien es el dueño de la historia, que hecho Niño dulce, suave y al alcance de las manos de todos, lo podíamos tocar, con Él reír, y hasta jugar a esconderlo para ganarnos el premio de su hallazgo. Impacta sobre manera el evangelio del domingo de Cristo Rey, cuando Jesús hace explícito el “vengan benditos de mi Padre a recibir la herencia”. Porque dimos de comer al hambriento, de beber al sediento, acogida al forastero, vestido al desnudo, vistamos y cuidamos al enfermo o encarcelado. Y cuando le dicen que a Él no le han visto en ninguna de esas circunstancias Jesús dice: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.

El paraíso, que de niños soñamos y vivimos al pie del pesebre, y que se nos hacía dulce al son de los villancicos entonados con nuestras voces infantiles acompañadas por instrumentos los más artesanales, hoy Jesús nos lo muestra de manera bien diferente, más auténtico y realista, en la figura de los hambrientos, sedientos, desnudos, extranjeros, enfermos y encarcelados. Las obras de misericordia siguen teniendo la llave para entrar el paraíso; estos hermanos pobres siguen siendo la única puerta posible de acceso a las mansiones celestiales; el más pequeño de los hermanos, comenzando por el que tenemos en casa, el que nos fastidia, el que se nos hace insoportable, el hermano cargado de años y a veces de caprichos, el hermano que sufre una enfermedad en el cuerpo o más necesitado aún, cuando es su alma la que está enferma, se constituyen en la única puerta posible para hacer el encuentro navideño con el Dios que se encarna haciéndose humanidad, en los más pequeños de sus hermanos, siendo ese hermano la única carne de Cristo que nos es posible acoger, cuidar, sanar, vestir, dar de comer, visitar. Si queremos de veras celebrar la Navidad en este 2017, queridos hermanos y hermanas, es necesario que nos apropiemos del Evangelio de Lucas 10, 21-24 cuando Jesús nos dice “Te doy gracias Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños”. Lo que han hecho a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron. Dios, definitivamente se esconde en los despojos de nuestros prójimos, lo que nos hace comprender que para llegar a Dios es necesario entrar por la casa del humano hermano con todas sus implicaciones personales y sociales.

Beatificación padre Luis Amigó

Esta es una verdad que sólo los pequeños la entienden: bienaventurados seremos nosotros sí sabemos acoger la pequeñez del Dios que se entrega a los pobres de corazón, a los modestos, a quienes el mundo juzga inapropiados. Que los doctores no lo entiendan y que lo entiendan los pequeños, a Jesús y al Padre “les ha parecido bien”; y esta frase debería cuestionarnos, porque si los pequeños lo entienden, significa que los doctores y entendidos tendrán que hacerse discípulos de los pequeños, ya que solo estos son capaces de percibir la presencia del Reino en las cosas comunes de la vida; cuidar los enfermos, consolar a los afligidos, expulsar los males que dañan la vida, soportar a los que me causan molestia… No podemos quitarle luces a la Navidad; tampoco podemos olvidarnos de las figuritas del pesebre; hemos de rezar como niños la novena delante del portal y volver a cantar villancicos, comer las viandas propias de las fiestas natalicias… todo esto está bien… pero la Navidad es mucho más que el folclor que crece alrededor del maravilloso misterio del Dios encarnado en los pobres del mundo, y este centro no podemos eliminarlo so pecado de celebrar el vacío de una historia que no se ha dado y hacer de Dios la caricatura de un fantasma. Celebremos la Navidad, regalémonos, encontrémonos, invitémonos a una buena comida. Regalemos también al más pequeño de entre nosotros un gesto de misericordia y ternura, toquemos de nuevo la carne de Dios, demos permiso a Dios para que vuelva a nacer en nuestro corazón y los pequeños pastores puedan descubrirlo en nuestras actitudes de acogida, de ternura y misericordia. Feliz Navidad, hermanos y hermanas queridos. Que Dios encuentre lugar en nuestra tienda y demos Dios a manos llenas a todos los que nos encontremos. Y que el año 2018 nos encuentre estrenando amor, porque hemos vuelto al amor primero.

Fray Marino Martínez Pérez
Superior General