Testimonio JUVAM desde Cracovia

 

Por: Rosalía Remón Miedes – Grupo de JUVAM – Cooperadores Amigonianos de Terue

En primer lugar doy gracia a Dios, y a la Pastoral Juvenil de Teruel, por haberme brindado la oportunidad de participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia junto a nuestro Papa Francisco, sobretodo, porque ya no soy tan joven, pero creo que nos tenemos que rodear de personas creyentes que nos empujen a tener ilusiones y luchar por un mundo mejor.

Ha sido muy emocionante estar rodeada de tantos jóvenes de diferentes países, dispuestos a difundir y vivir la fe, podría decir que fueron días y momentos únicos llenos de alegría, ilusión, esperanza y sobre todo de “Paz y Bien”, como habitualmente nos saludamos dentro de la familia Francisco  Amigoniana.

Un acto que me hizo reflexionar y en alguna ocasión emocionar fue la Vigilia del sábado día 30 de julio en el Campo de la Misericordia. El Papa, Francisco, dijo que somos “hijos” de naciones de diferentes partes del mundo, que el dolor, la guerra que viven muchos jóvenes, deja de ser anónima, tiene historia. Hay que rezar por el sufrimiento de tantas víctimas de guerra y que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado. No hay que vencer el odio con más odio. Que la respuesta a este mundo en guerra es la fraternidad, hermandad, comunión y familia y que nuestra mejor palabra y nuestro mejor discurso sea unirnos en oración.

Hubo muchos momentos que sus palabras me llegaron al corazón, sobre todo cuando dijo que teníamos que evitar la comodidad del sofá porque es la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, ya que poco a poco nos vamos quedando dormidos, embobados y atontados, mientras otros (quizás los más vivos, pero no los más buenos), deciden nuestro futuro porque para muchos es más fácil tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá, que tener jóvenes despiertos e inquietos respondiendo al Plan de Dios para su vida.

Que no hemos “venido a este mundo a vegetar, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca, hemos venido para dejar una huella”. Cuando comenzamos a pensar que la felicidad es sinónimo de comodidad, que ser feliz es andar por la vida dormido y atontado perdemos la libertad. Para seguir a Jesús hay que tener una cuota de valentía, hay que “cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados” y que abran nuevos horizontes, “capaces de contagiar alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en nuestro corazón cada gesto, cada actitud de misericordia”. Tenemos que “ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, pensadores y movilizadores sociales”.

Dios espera algo de cada uno de nosotros, “viene a abrir las puertas de nuestras vidas”, de nuestras miradas, “viene a abrir todo aquello que nos encierra”, que nos invita a soñar y que podemos cambiarlo. Se necesitan “jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos” y no jóvenes sofá. El mundo de hoy pide que “los jóvenes sean protagonistas de la historia porque la vida es linda siempre” y hay que dejar una huella. El Señor quiere nuestras manos para seguir construyendo el mundo de hoy, dejar una huella en la vida, “construir puentes fraternos” como es estrechar la mano del que tienes a tu lado.

Uno de los peores males que se nos puede meter en la vida es el miedo que nos conduce a la parálisis ya que perdemos el encanto de soñar juntos, de vivir, de disfrutar, de caminar con otros. Así que, como dice el Papa Francisco, seamos personas con los zapatos puestos y caminemos buscando la Verdad y Felicidad.

A lo largo de la JMJ han pasado muchas más cosas vividas personalmente y en grupo. Por ejemplo, desde ratificar el camino que Dios quiere para mí hasta encontrarme con tantas personas que necesitan de mí en mi: familia, parroquia, grupo de cooperadores, amig@s…

Hemos formado un grupo increíble que pese a desmayos, lesiones y lluvias torrenciales ha mantenido la alegría en todo momento, cantando y haciendo sonreír a los demás, un grupo al que tengo mucho que agradecer y en el que me he sentido muy cómoda, una más. Pero todo esto no puede quedar aquí. Tantos cristianos de todas las partes del mundo unidos por el mismo motivo no debemos quedarnos sólo con la experiencia de un encuentro con el Papa, debemos ir más allá. Así que dejémonos de jubilaciones anticipadas, levantémonos con un “Jesús, en ti confío” diario y con palabras de propio Papa: “Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra”.