24 años de Venerabilidad del padre Luis Amigó

El padre Luis Amigó vivió las virtudes heroicas en grado sumo

El día 13 de junio de 1992 marcó una etapa importante en el proceso canónico de beatificación: el santo Padre Juan Pablo II declaró Venerable al padre Luis Amigó y la Iglesia se pronunció sobre él definiéndole como “Gigante de la santidad, modelo y prototipo de religioso, sacerdote, fundador y obispo”. En este momento está al estudio uno de los milagros atribuido a su intercesión.

El Fundador de las Hermanas Terciarias Capuchinas y de los Religiosos Terciarios Capuchinos llamados también Amigonianos. El padre Luis Amigó practicó todas las virtudes de modo extraordinario, de manera perfecta.

Ya desde muy joven hasta que de forma gustosa entregó su vida a Dios, nuestro Fundador ejercito las virtudes siempre en forma creciente de modo heroico su devoción a la eucaristía y su fe incansable en Cristo Redentor fueron el eje de su vida apostólica plasmado de manera hermosísima en su lema episcopal “Doy  mi vida por mis ovejas”.

Los Amigonianos nos sentimos llamados a ser testigos del amor de Cristo entre todos los jóvenes que tienen carencias afectivas, familiares, sociales, y con alteraciones de conducta y perturbaciones de personalidad. Entre aquellos niños y jóvenes que por mil y una razones han tropezado en la vida o no han encontrado su camino.

Vosotros, zagales del Buen Pastor sois los que debéis ir en pos de la oveja descarriada hasta devolverla al aprisco. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner para salvar a la oveja perdida

El espíritu propio de los amigonianos, dedicados a la educación cristiana de los jóvenes apartados del camino de la verdad y del bien, se distingue por su particular seguimiento de Cristo Buen Pastor, que llama a sus ovejas por su nombre, se fían de él y le siguen.

Tras las huellas del Buen Pastor, el Terciario Capuchino se siente llamado a crecer en el amor, desarrollando particularmente las actitudes de sencillez y de humildad, de compasión y de misericordia, de alegría y de esperanza, y de entrega y generosidad, que distinguen la vida de quién conoce a las ovejas, camina delante de ellas, busca a las que se pierden, comparte sus alegrías y penas, y está dispuesto a dar la vida por todas.