Circular fiesta de la Patrona de la Congregación

NUESTRA MADRE DE LOS DOLORES

“La devoción a Nuestra Madre de los Dolores forma parte de nuestro patrimonio espiritual. En sus manos depositamos nuestras necesidades y las de nuestros alumnos y la obsequiamos con actos de culto…” (C.51)

  1. SALUDO INICIAL

Saludo con inmenso afecto a todos mis hermanos religiosos y a todos los laicos y laicas que comparten con nosotros el patrimonio espiritual de la Madre Congregación desde el ser y hacer que nos identifica y desde donde vivimos la experiencia del Señor en la extensión de su Reino.

Estos meses de septiembre y octubre están cargados de festividades que nos recuerdan nuestro ser amigoniano, comenzando con la fiesta patronal de la Madre Dolorosa, la de nuestros hermanos mártires, el nacimiento y pascua del amado Padre y Fundador y la fiesta del Seráfico Padre San Francisco.

Son dos meses de celebración que llenan el alma de alegría, que nos comprometen una vez más con nuestro ser y hacer, a la vez que se constituyen en acicate para descubrir qué verdadero significado tiene en nuestra vida una devoción, desde la más tradicional o significativa en nuestra espiritualidad, hasta aquellas que pertenecen a nuestro devocionario personal.

  1. LA MADRE DOLOROSA EN EL CONTEXTO DE LAS CONSTITUCIONES

Son abundantes las citas que acerca de la Madre nos entrega nuestro proyecto de vida comunitario, las Constituciones, desde donde participamos en el contexto eclesial con un modo de vida especial que nos caracteriza y distingue, nos hace únicos y diferentes, y por tanto, debe comprometernos en una vivencia íntegra que conduzca a la plenitud, a la vez que sea testimonio de nuestra felicidad de pertenecer a una Congregación de Consagrados en donde hemos aprendido lo que nos es más significativo para encontrar en ella una fuente de paz y el ámbito de nuestra realización humana (Cfr.C.42)

Es oportuno que compartamos en estas fechas, y haciendo hincapié en la identidad y pertenencia, ser y hacer, por encima de lo devocional, algunas de las citas que nos proponen las Constituciones:

  • María como modelo de Consagración en la pobreza y humildad, en la esperanza y obediencia, en la aceptación de la voluntad de Dios, en su sí vivido todos los días al pie de la Cruz…es estímulo y esperanza de nuestra diaria fidelidad. (Cfr. C.14)
  • Nos ponemos bajo la protección de María, cuya virginidad fecunda es para nosotros estímulo y ejemplo. (Cfr. C.27)
  • Congregados como verdadera familia en el nombre del Señor y en torno a María, Nuestra Madre, construimos la comunidad y en ella encontramos una fuente de paz y el ámbito de nuestra realización humana orientada hacia Dios y hacia los hombres. Ella satisface, en lo posible, nuestra aspiración a la felicidad, a una felicidad adulta que, como la de María, lleva la marca de la Cruz y el anuncio de la resurrección.” (C.42)
  • “Como María, que conservaba las palabras de Jesús y los acontecimientos de su vida y los meditaba en su corazón, también nosotros leemos y meditamos diariamente la Palabra de Dios…” (C.49)
  • “Los dolores de Nuestra Madre nos ofrecen, desde su perspectiva pascual, nuevos matices que enriquecen nuestra vida espiritual…” (C.59)
  1. IDENTIDAD Y PERTENENCIA CRISTIANA Y COMO CONSAGRADOS

Si convenimos en entender como Identidad el concepto que hace referencia a lo que le es esencial a la persona o al grupo, entonces tener identidad será la respuesta a la pregunta esencial de la vida: “¿Quién soy yo?”.

Cuando Jesús hace a sus discípulos la pregunta: Quién dice la gente que soy yo? Los discípulos le responden por lo que la gente identifica en Jesús: Juan Bautista, Elías, Jeremías, un profeta. Pero la pregunta crucial va dirigida a cada discípulo, así sea Pedro quien se abrogue la vocería: “Y ustedes, quién dicen que soy yo?” (Cfr. Mt.16,13-20)

La primera respuesta de los discípulos al Maestro acerca de su identidad, no tiene que ver con Jesús como hombre, humanidad, sino propiamente con la construcción que la comunidad de los discípulos y la gente ha venido haciendo acerca de quién es Jesús, y este quién es, lo han construido desde lo que Él ha dicho y desde lo que le han visto hacer, es decir, desde la coherencia de vida. A Jesús se le reconoce inequívocamente como un gran profeta; puede ser que alguno no tenga mucha claridad aún sobre su identidad mesiánica, pero lo que sí es claro lo proclama la gente cuando con admiración se pregunta “¿quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen? (Mt.8,23-27)

Frente a la segunda pregunta, directa a cada discípulo, la respuesta no puede venir ni llevar una sola dirección;  pertenece a la intimidad de cada discípulo o discípula, pues ya no hace referencia a quién es Jesús para mí, ya que si, a Él he consagrado mi ser y hacer, es porque no tengo alguna duda sobre su identidad como Palabra del Padre hecha humanidad, Dios que abandona su condición divina para hacerse siervo…pero…, y aquí viene lo que es realmente interesante y debe ser motivo de profunda reflexión para cada uno de los consagrados y consagradas, religiosos o laicos: si para mí no hay duda alguna de que Jesús es Dios… y esto ha de darme identidad de vida… “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí…”(Gal. 2,20)…

  • ¿de qué manera expreso esto en mi diario vivir,
  • de qué modo la coherencia entre lo que digo ser y lo he profesado públicamente se explicita en mi ser de cada día, en mis relaciones con los hermanos y hermanas, en la misión que me ha sido confiada, en la consagración que abarca todos los ámbitos de mi ser?

La identidad y la pertenencia, el ser y el hacer, la coherencia de vida entre lo que digo y hago, es esta la verdadera y tal vez única respuesta a otras preguntas cruciales: ¿a qué grupo pertenezco (a qué congregación, a qué comunidad); cómo es mi ser y actuar dentro y fuera de ese grupo humano; cómo son mis relaciones con este grupo y con las personas que no pertenecen a él? (¿luz de la calle y oscuridad de la casa?).

  1. IDENTIDAD Y PERTENENCIA A UNA ESPIRITUALIDAD Y CARISMA CONGREGACIONAL

La devoción a la Madre Dolorosa, en la mayoría de los casos de los religiosos, y seguramente de los laicos que profesan nuestra espiritualidad, no ha sido original en nuestro proyecto de vida. Otras advocaciones: de tipo cultural, regional, por el colegio en donde estudiamos, o por el grupo cristiano al que pertenecimos, hacían parte de nuestro bagaje espiritual cuando llegamos a esta espiritualidad. Y no creo que sea tan válido decir desde nuestro hoy, que la Santísima Virgen María es siempre la misma, pues este concepto teológico no acompañaba nuestro ser infantil cuando hicimos los aprendizajes significativos primeros… en mi caso recuerdo muy bien cuando en mi pueblo se hizo un “reinado de vírgenes”, para coronar la patrona del Colegio de hombres del pueblo… y esto marca, sin detenernos mucho en la devoción mariana de nuestra infancia familiar.

“¿Cómo expresamos, expreso, esta devoción hoy en la Congregación?”

Es verdad que a diario en nuestras comunidades rezamos los Dolores de la Madre; celebramos con piedad las diferentes advocaciones marianas; el mes de mayo aún reviste solemnidad en algunas comunidades; el rosario sigue siendo devoción diaria  especialmente para nuestros hermanos mayores que en esto nos dan ejemplo de fidelidad y aún muchos hermanos llevan el rosario en su bolsillo; celebramos con mucha solemnidad el septenario y la Fiesta de nuestra Madre; en las habitaciones de nuestros cuartos, en el oratorio y en la capilla el cuadro o imagen de la Madre está presente; en fin… que no podemos desconocer la significación de la Identidad mariana en la advocación de Madre del Dolor y Madre del Amor.

Avancemos un poco y hagámonos otras preguntas significativas: “¿qué trascendencia para mi vida diaria tiene esta devoción? ¿de qué manera esa identidad se explicita en mi vida?; ¿cómo esta devoción marca y da contenido a mi actuar, a mis relaciones personales y grupales, al trato con los muchachos y con las personas que trabajan junto a nosotros, con los laicos que comparten nuestra espiritualidad?

Es cierto, tenemos una identidad mariana que nos distingue… pero… ¿ésta devoción a María manifestada en algunas formas tradicionales válidas va más allá aún,  llena de contenido mi ser y actuar?

Les invito para que iluminados por las citas del numeral dos, examinemos nuestra devoción a la Madre y desde ese examen concienzudo, nos atrevamos a responder si esa devoción se queda en lo ritual, temporal y simbólico, o por el contrario, ha trascendido la vida haciendo parte de la forma de vida amigoniana que nos identifica, a la que pertenecemos, por la que tenemos un sentimiento que la hace relevante y nos enorgullece de pertenecer a ella, que nos cohesiona con fuerza en los proyectos personales, comunitarios, institucionales o del grupo; en una palabra, que María como Madre del Dolor y Madre del Amor es parte de nuestro credo de fe personal y comunitario:

  • ¿ María es estímulo para mi diaria fidelidad como consagrado en pobreza, humildad y obediencia?
  • ¿La fecunda virginidad de María estimula mi ser de padre-madre y da plenitud a mi consagración?; ¿necesito de otras fecundidades más placenteras?
  • ¿La construcción de la vida fraterna como lugar propio de mi consagración, llena mi vida, la carga de valor humano y felicidad adulta…aunque lleve la marca de la Cruz?
  • ¿La Palabra de Dios que escuchamos unidos y en torno a la Eucaristía todos los días, así como los acontecimientos que nos interpelan, como María, los guardo en el corazón y con ellos construyo mi comunidad?
  • Los Dolores de María están marcados por una experiencia pascual. ¿Siguen siendo actuales, son pedagógicos, animan mi esperanza y la de los que me necesitan, trascienden la misión congregacional y los regalamos a las comunidades con las que interactuamos; los Dolores de la Madre construyen desde el estar al pie de la Cruz la vida fraterna de cada día como proyecto y son parte de mi actitud vital de consagrado?

  1. CONCLUSIÓN: INVITACIÓN A UNA DEVOCIÓN-VIDA

Los discípulos alegremente encabezados por Pedro le dijeron a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”. (Mt.16,17)

Ser devoto de María, no es solo responder alegremente sí, porque celebramos con pompa, ruido y muchas oraciones a la Madre. La devoción a María trasciende y llena nuestra vida y la de los que nos rodean; no puede ser algo que nos lo revela la carne y sangre  amigoniana; debe ir más allá para hacernos piedras vivas de una Iglesia-Congregación- Misión fundada sobre la Cruz,  cruz que no es solo un accidente de camino sino una consecuencia de nuestra opción por el Señor, opción que nacerá siempre en el corazón frágil y tremendamente fuerte de una mujer que fue capaz de decir y mantenerse en su palabra: “He aquí la sierva del Señor, que se haga en mí según tu Palabra. ” (Lc.1,38).

La Madre Dolorosa, regalo de Jesús al pie de la Cruz e identidad congregacional que nos fue entregada en testamento por el amado Padre y Fundador al darnos el nombre que nos identifica: “Terciarios Capuchinos DE Nuestra Señora de los Dolores”, sea estímulo diario a nuestro ser de consagrados y acicate en la construcción de una comunidad que escucha la Palabra y el acontecimiento, reflexiona y lo hace vida.

Fr. Marino Martínez P. Tc

Superior General

Curia General, Roma, 15 de septiembre de 2017