Cristología de la Misericordia – Ponencia

Seminario Nacional de Misericordia 

Mg. Janneth Muñoz Rendón

Teóloga, docente universitaria. 

Al hablar de una cristología de la misericordia, es necesario realizar precisiones conceptuales sobre la categoría misericordia, en su dimensión teológica, partiendo de los términos que emplea el griego bíblico del Nuevo Testamento como aparece a continuación:

  • La expresión ἔλεος [éleos]: significa misericordia, compasión, piedad y sus derivados: apiadarse, compadecerse, misericordioso, compasivo, digno de lástima, limosna, beneficencia, aparecen 78 veces en el Nuevo Testamento. En los sinópticos se encuentra en la quinta bienaventuranza en Mt 18,33.
  • La palabra οἰκτιρμός [oiktirmós]: indica también compasión, misericordia, como sustantivo aparece solamente en Pablo, 4 veces; y en la Carta a los Hebreos una vez. Pablo emplea el término para para referirse a Dios como el “Padre de las misericordias” que se compadece del hombre (2Cor 1,3).
  • El término σπλάγχνα [splánchna]: designa entrañas, corazón, amor; σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] apiadarse, compadecerse. En el griego profano, en un principio, significaba literalmente las entrañas de un animal sacrificado. Posteriormente, designó las entrañas del hombre. Con el tiempo, la palabra adquiere en sentido figurado el significado de corazón, que es el centro en que se localiza el sentimiento, viene entonces a significar el sentimiento del afecto y del amor. La forma más antigua del verbo tiene el sentido de comer las entrañas. El término sólo se encuentra en el judaísmo tardío y en los escritos neotestamentarios.

El verbo σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] en los sinópticos se usa para hablar del comportamiento de Jesús y para designar el modo de obrar de los protagonistas de tres parábolas. Estas parábolas son las siguientes:

  • La parábola del siervo sin entrañas (Mt 18, 23-35).
  • La parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-20).
  • La parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37).

En concreto, el término σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] hace referencia a la conmoción de las entrañas.

Para una cristología de la misericordia, me centraré en el σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] que aparece en Lucas en el relato de la viuda de Naín (7, 11-17). Cabe destacar que, este pasaje exclusivo de Lucas no tiene paralelo en otro evangelio y es el único texto que emplea el verbo para referirse a la conmoción de Jesús al ver a la viuda que lleva a enterrar a su único hijo, tras la curación del siervo del centurión.

Lucas dice que Jesús marchó a un pueblecito llamado Naín, y que le acompañaban sus discípulos y una gran muchedumbre. Los personajes que aparecen en este acontecimiento son: Jesús, la viuda y el hijo. Se distingue en el relato la muchedumbre que acompaña a Jesús y la que forma el cortejo funeral que salía de la villa. La viuda, juntamente con el huérfano, constituyen la imagen de la soledad y del desamparo; ambos, desde muy a los comienzos de la historia de Israel, fueron objeto de un régimen legal que podríamos llamar ambiguo, es decir, de discriminación y de protección a la vez. Las viudas en Israel no heredaban al marido difunto, y por eso, si no tenía hijos, volvía a la casa de sus padres.

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Laicas del municipio de la Estrella de la Regional Antioquia.

En el texto, el σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] de Jesús, está presidido del “ver” a la viuda” que lo mueve a “tocar el féretro” y a “resucitar al muerto”, devolviéndolo a su madre.

Jesús de Nazaret, experimenta hasta el fondo la miseria de la humanidad; Él la contrarresta con su misericordia compasiva, victoriosa; su muerte por sus enemigos es la coronación final del σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] de Dios con los impíos. Esta conmoción de las entrañas de Dios en Jesucristo, por la humanidad ha quedado corroborada de un modo definitivo en la resurrección y glorificación de Jesús que a través de la proclamación de este obrar misericordioso llega a los excluídos, a los dispersos y atrae con amor misericordioso, restableciendo la unidad entre Dios y los hombres.

El σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] de Dios llega a la plenitud en la encarnación del Verbo por la humanidad, Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Él es el σπλάγχνίζομαι [splanchnízomai] de Dios por los hombres y mujeres de todos los tiempos, para reestablecer en ellos y en ellas, por la gracia del Espíritu, la verdadera imagen y semejanza divina que humaniza los contextos