Las obras de Misericordia “plan de vida” de la Familia Amigoniana

Una obra de misericordia es un acto de caridad con la cual ayudamos al prójimo que requiere nuestro consuelo, consejo o perdón, en los amigonianos también socorremos al desvalido, al hambriento, al preso, en general a los marginados y excluidos de la sociedad, las prácticas de la Familia Amigoniana devuelven a las personas la dignidad de hijos de Dios.

La Familia Amigonia en comunión con la Iglesia, nos dedicamos, a la educación cristiana de la juventud desviada del camino de la verdad y del bien. Fieles a las exigencias de nuestro carisma, actuamos la Misión inspirados en el amor sacrificado del Buen Pastor, de Nuestra Madre y del espíritu franciscano.

Así siguiendo el legado espiritual que el padre Luis Amigó nos ha dejado de seguir las huellas del Buen Pastor de constituirnos en zagales de su rebaño, e ir en pos de la oveja descarriada hasta volverla al aprisco del Buen Pastor. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner para salvar la oveja perdida; no os arredren los zarzales y emboscadas con que tratará de envolveros el enemigo, pues podéis estar seguros de que si lográis salvar un alma, predestináis la vuestra. En este año de la Misericordia la Familia Amigoniana ha querido hacer énfasis en las siguientes dimensiones:

  • Acoger al joven y familia con prontitud, cariño y brazos abiertos.
  • Disposición para conocerles y llegar a su corazón en el diario convivir con ellos.
  • Dar consuelo y ayuda oportuna a quien se encuentra desanimado.
  • Preocupación y entereza en el proceso enseñanza aprendizaje de los jóvenes.
  • Corregir con compasión y sin juzgar al que se equivoca o comete errores.
  • Perdonar las ofensas para no hacer daño con enojos y disgustos.
  • Sobrellevar con paciencia las fatigas, molestias y fastidios de los más difíciles.
  • Adelantarse en la atención de los jóvenes en alimentación, vestuario y salud.
  • Escucha activa, orientación y consejo a los más necesitados.
  • Exigir con amor para sanar heridas y comportamientos inadecuados de los jóvenes.
  • Orar a Dios y a Nuestra Madre por los jóvenes, compañeros y fieles difuntos.
  • Ofrecer el tiempo, esfuerzos y cansancio de cada día por amor a Dios, presente en el rostro de los jóvenes más necesitados.