Luis Amigó y la Eucaristía

Cuando comulgamos nos convertimos en personas eucarísticas.

Quien pudiera imaginar tal extremo de amor de Dios para con sus creaturas? La omnipotencia y sabiduría que resplandecen en la obra de su creación, lo mismo en los cielos que en la tierra, la admirable providencia con que rige, gobierna y conserva el Señor Todopoderoso, así ha revelado el misterio de la Encarnación y todas las obras del Verbo encarnado, su Muerte y su Pasión, idea  altísima de amor hacia nosotros, como lo patentiza en la institución de la Eucaristía, compendio de todas las maravillas del Señor. (OCla  778)

Si en  la creación sacó un mundo de la nada con su Palabra, con la misma transustanciación en este misterio sacramental, el pan y el vino, se convierte en su mismo cuerpo y en su misma sangre preciosísimos. Con su paternal providencia viene a ser como una creación continuada en la Eucaristía para conservar nuestra vida renovada con la suya emanada de ese sagrado alimento espiritual. (Ocla 779)

Luis Amigó nutre su vida del misterio eucarístico y quiere inyectar en el corazón  sus hijos e hijas el imperativo evangelizador expresado en labios de San Pablo: “Ay de mí si no evangelizara”. ¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio¡

El evangelizador amigoniano reconoce y testimonia que en la Eucaristía recibe la fuerza y la gracia del anonadamiento, la minoridad, el sacrificio y el testimonio; cuando comulgamos, nos convertimos en depositarios del cuerpo y la sangre de Cristo, amor misericordioso y extremo que rescata y libera al hombre.

El llamado que cada Eucaristía hace a cada Laico Amigoniano es a emprender el camino del amor y de la cruz: Amor y cruz no son inseparables.