Retos de la Familia Amigoniana en el siglo XXI

Después de haber finalizado el Seminario Nacional de Compasión y Misericordia realizado a nivel nacional en Colombia se ha querido evidenciar el resultado de las mesas de trabajo que se realizaron en el cual participaron 630 personas  de las diferentes regionales.

La unidad de nuestras Congregaciones nace de su misión de evangelización: los laicos, cooperadores, amigos, colaboradores, hermanas y hermanos son miembros de una misma familia que recibe su identidad del hecho de ser enviada a predicar el Evangelio y seguir las huellas del Buen Pastor, dando testimonio de un Dios que viene a dialogar con el mundo. Más aún, podríamos decir que la identidad «Amigoniana» es la de una familia (la de una «comunión») constituida por el vínculo orgánico entre evangelización y contemplación de aquella verdad que es la Palabra viva que vino a este mundo. Es lo que nosotros tratamos de vivir bajo las enseñanzas del Padre Luis Amigó, apóstol de la misericordia.

Esto nos lleva a la pregunta medular: ¿Qué se espera; cuál es la misión de la Familia Amigoniana en el siglo XXI? La clave estriba en vivir el carisma fundacional de las Congregaciones desde nuestro estado de vida laical siempre en contexto.

Nuestra Iglesia está viviendo un momento trascendental en su historia, un momento de cambio bajo la guía de nuestro papa Francisco, quien reconoce que la vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas para que toda actividad humana sea transformada por el Evangelio. Y esa transformación, esa renovación de la Iglesia requiere de nuevos caminos de misión para enfrentar efectivamente el secularismo e individualismo prevalecientes en nuestra sociedad, productos de una libertad mal entendida.

Al igual que el padre Luis Amigó en su tiempo, la Familia Amigoniana del siglo XXI estamos llamados a ser “punta de lanza” de esa misión evangelizadora a la que somos llamados, para transformar nuestro entorno de día a día, nuestra realidad humana, predicando, sobre todo mediante nuestras obras, la Verdad del Amor de Dios encarnado “que es la Palabra viva que vino a este mundo”, y es la única capaz de convertir los corazones, pero eso sí con el concurso de todos, en especial creyendo en que este cometido es posible y que los que aún no estemos convencidos hagamos un esfuerzo sobre humano y nos encaminemos al unísono, necesitamos el concurso de religiosos, religiosas, laicos, cooperadores, amigos, en general toda la Familia Amigoniana, hay que llegar a la acción.

La unidad en el Carisma Amigoniano, dentro de nuestra diversidad, que ha caracterizado nuestras Congregaciones desde sus fundaciones, es lo que permite a la Familia Amigoniana asumir un rol de vanguardia en la evangelización de nuestro tiempo. Si establecemos un perfil del laico y cooperador Amigoniano encontramos que abarca todo el espectro social, profesional y etario de la Iglesia. Eso nos inserta de lleno en todas actividades humanas lícitas concebibles.

Somos hombres y mujeres, laicos y cooperadores, que después de conocer la vida, obra y espiritualidad del Padre Luis Amigó, nos hemos sentido movidos por el Espíritu Santo a vivir su carisma y nos incorporamos a la Familia Amigoniana mediante un compromiso especial que vivimos haciendo vida las enseñanzas y prácticas del padre misericordioso Luis Amigó.

Armado de esa formación y carisma, e insertado en el mundo, el laico y cooperador Amigoniano del siglo XXI está en mejor posición de identificar nuevos lugares de evangelización y desarrollar en ellos su misión, es decir: “la entrega a la evangelización total de la Palabra de Dios”. Ello incluye, no solo nuestros lugares de trabajo, comunidades y organizaciones sociales y cívicas, sino también las nuevas fronteras virtuales que representan las redes sociales y los medios electrónicos de comunicación; lo que el papa emérito Benedicto XVI ha llamado el “continente digital”, representado por las más de tres mil millones de personas conectadas a internet en el mundo, pero para ello necesitamos el concurso decidido y sincero de hermanos, hermanas y de todos los que hacemos parte de la Familia Amigoniana.

Esa explosión informática brinda al laico y cooperador del siglo XXI un nuevo púlpito que le permite llevar su mensaje evangelizador a personas y lugares que de otro modo estarían fuera de su alcance, así como adelantar causas, como la Misericordia y Reconciliación, que están enraizadas en nuestro carisma fundacional, ya que nuestro Padre Luis Amigó se identificó de manera especial con los pobres, los oprimidos y los marginados.

El laico y cooperador del siglo XXI también utiliza las nuevas herramientas tecnológicas para su propia formación. Recientemente un grupo de laicos y cooperadores hemos tenido la oportunidad de participar en el Capítulo General de las Hermanas Terciarias Capuchinas en el mes de Septiembre donde pudimos interactuar con distintas regiones del mundo, haciendo uso de la plataforma Skype. Esta experiencia nos abre las puertas a un mundo de posibilidades insospechadas, ya que puede repetirse para llevar el mensaje evangelizador a comunidades aisladas que de otro modo no podrían recibirlo. O intercambiar experiencias significativas con otros grupos de Familia Amigoniana.

Como podemos apreciar, el laico y cooperador Amigoniano de nuestra era no dista mucho de aquellos primeros laicos que se unieron a Luis Amigó hace más de 130 años. El entorno político, social, económico y religioso en que vivimos y actuamos clama a gritos por una transformación que solo puede surgir de un cambio en los corazones de los hombres. Y ese cambio solo es posible mediante una evangelización efectiva. La diferencia, y la ventaja, estriban en las nuevas herramientas a nuestro alcance y las alianzas que logremos en la Familia Amigoniana.